jueves, 24 de julio de 2014

Otra desvergüenza más

Desde que se originó esta crisis de nunca acabar mi desconcierto y turbación se ven afectados, casi siempre, por una mezcla de vergüenza y odio. Odio, sí: han leído bien, una cólera imprudente que me embarga y con la que se hace añicos (una y otra vez, no importa que se acabe restañando) mi confianza en el orden establecido.

Escuchar al Secretario de Estado de Economía decir que la venta de Catalunya Banc al BBVA es algo positivo, cuando en esa operación se han perdido más de 12.000 millones de euros, es simple y llanamente una desvergüenza. Como alguien ha dicho anteriormente, esa cifra equivale a la cantidad ofrecida a Ucrania por la UE para evitar su quiebra económica o al monto de los recortes educativos y sanitarios perpetrados en los dos últimos años.

Es posible que Catalunya Banc no valga un carajo: pero que lo digan, que den la cara y expliquen que fue imposible no perder dinero con ello. Que digan de una maldita vez que optaron por salvar a las cajas quebradas por no saber hacer lo contrario. Que mintieron al asegurar que no iba a costar ni un euro. Lo hiriente no es la millonada perdida (total, qué más da si nos hemos amoldado a hablar de miles de millones de euros en el bar como quien cuenta los garbanzos de una partida de mus). Y si me apuran, tampoco los conejos de la chistera (ergo, reformas) con los que pretenden hacer ver que arreglan las cosas. Lo que indigna es el asqueroso silencio político que perpetran los del pepe y los del pesoe (¡ah, claro!, en esta ocasión ha pillado de pleno a uno de los segundos, pero luego volverá a tocar a alguno de los primeros). ¿Y qué decir del silencio sepulcral con el que la justicia responde a la vasta impunidad política aflorada en esta ajada piel de toro? Nunca hay motivos para enchironar a los tipejos de las cajas quebradas.

Nos chotean expolíticos de puertas giratorias que se rasgan las vestiduras diciendo que no fueron responsables de nada (lo fue la crisis, o una criada suya), que plañen hipócritamente mientras cierran a cal y canto el bolsillo de sus indemnizaciones y pensiones, que mientras tanto siguen girando los pomos que han de llevarles a un nuevo consejo de administración, a una nueva poltrona, a seguir forrándose y ostentando poder e indignidad a partes iguales.

Luego alguno se echará las manos a la cabeza por el crecimiento de Podemos. Pues que se pasmen y queden bien pasmados, que dan ganas de apuntarse al carro y mandar a todos a freír espárragos