viernes, 4 de julio de 2014

Montoro y tú

Lo de Montoro no tiene nombre. Le salen los apaños ensortijados al pretender que con tanto enredo la peña acabe perdiéndose en sus lozanías de tesorero. Porque apaño, que no reforma, viene siendo lo pergeñado por él en materia de impuestos. Y apaño malo. Por oscuro. Y falaz. Porque por mucho que se intente atisbar en tan tremendo carajal, no hay forma de hallar en claro ni el beneficio anunciado, ni tampoco su empaque. En puridad, no creo que ni él mismo lo sepa. Lo cual tampoco me extrañaría…

Digo una semana sí, y otra también, que en este Gobierno hay de todo menos planificación, rigor, determinación y ganas de alumbrar al futuro venturoso que proclaman. Les pierde tanto el inmovilismo y el intentar restañar infructuosamente un sistema político en pleno hundimiento (del que solo ellos y los que son como ellos no se dan cuenta) que desinflan en un tris hasta las novedades más pretendidamente sólidas. ¿Reforma fiscal? ¿Comisiones de expertos? El viernes nos anuncian la liebre en el puchero para que, bien estofada en la salsa de los medios de comunicación durante todo el fin de semana, encontremos el lunes que no había otra cosa que gato despellejado.

Tan a corto plazo iluminan sus focos, y son sus fingidos movimientos tan convulsivos, que ni siquiera comprendo cómo pueden esperar obtener algún voto de ello. Porque voto, y no otra cosa, es lo que quieren cosechar en esta tierra quemada en que han convertido el suelo patrio. Los votos de los grandes titulares (lo único que se lee). Y es que, lector mío, en la letra pequeña se esconden los grandes desastres que han de ver nuestros ojos. Y la reforma fiscal tiene mucha, muchísima letra pequeña. Casi toda, benefactora para la banca y miserable para con usted o conmigo.

¡Qué tendrán los bancos que a todos los políticos vuelven idiotas con sus cantos de sirena! Pues, ¿qué van a tener?, pensará usted, no sin razón: ¡dinero!, el que necesitan sus aparatos electorales y las obras (ya no emblemáticas, que para tanto no da) con las que agasajar las cansadas mentes de los ciudadanos.

¡Qué cansancio y qué hartazgo, madre mía! Hace unos meses lo dije: de esta mierda nos sacarán las empresas y lo que cada uno hagamos en pos del bien común, cada cual a su forma y parecer. Pero no nos sacarán de la crisis ni los vientos ni las mareas del Consejo de Ministros (Desaparecidos, habría que apostillar) que cada viernes sacan de la chistera un conejo blanco, relleno de mentiras e inepcias


Agua del cielo

Un taxista de Barcelona, revolucionario marxista convencido, defensor de la banca pública y la regulación intensiva de un país contra los i...