viernes, 24 de agosto de 2012

400 euros

No sé quién puede vivir con 400 euros al mes. En mi pueblo sí, las casas son viejas pero habitables, hay campo y huerta para asegurar la subsistencia, y el gasto corriente ni por asomo se acerca a esa cifra (hubo un tiempo en mi pueblo en que tener un jubilado en casa suponía algo parecido a ganar la lotería). Pero el común de los mortales vive en una ciudad, donde a poco que uno se descuide, el gasto habitual se extiende más allá de esa cifra casi mágica, simbólica. 

Es curioso este país. Se consiguen miles de millones para rescatar bancos rapaces, especializados en el beneficio rápido y arruinar a los clientes con preferentes e hipotecas de escándalo, pero se posterga hasta el final el último aliento del que dependen cientos de miles de familias que se encuentran en la miseria por la falta de empleo. De entre todos los argumentos vergonzantes escuchados en estos últimos meses, ninguno más miserable que ese traslado a la opinión pública de la opinión de que los parados viven a gusto mientras son subsidiados por el Estado, motivo por el que no buscan trabajo. 

No sé de qué me quejo. En los últimos tiempos he escuchado innumerables intervenciones abochornantes. Cuando se encontraba en la oposición, el señor del puro aseguraba saber acabar con la lacra del paro. Sin embargo, desde que gobierna, el desempleo no ha dejado de crecer. Eso sí, los miles de millones de euros que España necesita en no sé ya cuántos frentes, tampoco dejan de crecer día tras día. Y mientras llega la lluvia de euromillones, a los demás toca sufrir y mirar al cielo. 

El milagro de los 400 euros se prorroga otros seis meses. Imagino que, tarde o temprano, lo acabarán extinguiendo. A Europa no le gustan las subvenciones (aunque las distribuye a manos llenas entre diversos sectores). En ese momento nada podrá librar de la miseria a un buen montón de españoles que ahora se mueven entre el desguace y la supervivencia feroz. 

Para un político, y ahí están los hechos, contumaces, que lo demuestran, resulta infinitamente más sencillo entregar un subsidio que encontrar la fórmula que saque a toda una nación de la crisis. Con 400 euros, el Gobierno se toma un respiro al tiempo que sigue auxiliando con oxígeno a quien ya no tiene ni aire en los pulmones, solo sangre. 

Aunque no servirá de mucho, tengo la triste convicción de que este tiempo de descuento que se ha ganado tampoco será suficiente para enmendar la triste derrota de este país de parados y turistas.

Agua del cielo

Un taxista de Barcelona, revolucionario marxista convencido, defensor de la banca pública y la regulación intensiva de un país contra los i...