viernes, 25 de mayo de 2012

Facebook y el héroe

Facebook ha hecho de su inventor, Mark Zuckerberg, un hombre rico y famoso. Si este joven de apellido extraño no fuese multimillonario y su empresa no fuese pasto de los especuladores, sus apariciones en la prensa se contarían con los dedos de una mano. En España también aparecen los ricos en las portadas de los periódicos. El periodismo parece haber encontrado un filón en las historias creadas por y para el dinero, en los negocios fastuosos y la obscenidad de los miles de millones de euros que cuestan ciertas cosas en el mundo (porque valer, como Facebook, valen mucho menos).
El héroe del que les voy a hablar se parece a Mark Zuckerberg, pero al revés. Se trata de Evan Henshaw-Plath, el creador de Twitter, esa otra red social en chiquitito (pese a tratarse de un monstruo de muchos millones de dólares) que compite con Facebook usando frases cortas capaces –dicen- de incendiar los ánimos de todo un país (desde luego, no los míos). Evan (nuestro héroe) creó Twitter junto a otros amigos en 2004. Luego se fue de viaje a Uruguay, donde conoció a una chica de la que se enamoró. Ya no volvió jamás de Montevideo. Sus amigos le informaban puntualmente de lo bien que funcionaba aquel negocio de los tweets. Le urgían a regresar para, juntos, convertir la idea feliz en otra piedra filosofal capaz de convertir en oro lo intangible (luego dicen que la alquimia no existe). Pero él, enamorado de la uruguaya y del océano, no quiso saber nada del tema, y vendió sus acciones por unos pocos miles de dólares que empleó en comprar un coche con el que viajar por el país.
Hoy en día sigue en Uruguay, casado con la chica uruguaya, y es padre de dos niños. Se ríe mucho y parece un tipo feliz. Cuando le dicen que Twitter vale diez mil millones de dólares, responde: “no tengo que trabajar en algo que no me gusta para ganar dinero”. No es un americano treinteañero con portada en el Time o en el registro del Forbes, sino un gringo risueño que vive en la costa atlántica sin importarle un comino lo que se cuece en Wall Street ni en California.
Todo un héroe. ¿No lo cree así?
Mientras estas cosas sigan pasando, a mí me seguirá gustando el mundo. Hay que desoír las historias del dinero y volver a escuchar las que auténticamente cuentan y merecen la pena, no sea que comencemos a fingir que no existen. Y sí existen. Felizmente aún pueden contarse historias bonitas en esta guerra de éxitos y riquezas que generan enormes crisis y ruidosos titulares…