viernes, 22 de enero de 2016

La moto y los corderos

A las siete de la mañana, en un cruce sin importancia entre dos calles del montón, bajo un cielo despejado y un frío espantoso, vi a un motociclista en el suelo, junto a la acera y su scooter destrozado. Estaba el cuerpo tendido y le habían arropado por encima con un abrigo. Varios conductores cuidaban, inmóviles y preocupados, del motorista que yacía sobre el asfalto congelado. Yo pasaba con mi moto, como cada mañana, por ese mismo punto, y no pude evitar sentir un horrible padecimiento solidario con quien en el yermo alquitrán yacía.
Ignoro el tipo de relación que guarda usted, lector, con las motos (especialmente si no las maneja). El conjunto de la conducción de automóviles es una actividad bastante tosca y atropellada, como si en lugar de coches por las calles discurriese ganado ovino que ha de avanzar sorteando no solo los obstáculos, sino a sí mismos también: de ahí que sea habitual contemplar vehículos lanzados a tumba abierta, corriendo frenéticos por conquistar el siguiente semáforo, saltándose los discos en rojo por los pelos y pitando desaforados como ovejas que balan nerviosas. Las motos, tan endebles y frágiles, representan la conducción liviana y resuelta, los canis lupi del asfalto, que no provocan retenciones ni atascos sino que los sortean, siempre en constante peligro por la presencia del mayor depredador que existe: el conductor de coches (con varias categorías, siendo los taxistas los más lacerantes de todos).
¿Usa usted los espejos retrovisores con la abundancia deseable? Nosotros, los motociclistas, empleamos los suyos para observar su rostro y anticipar cuál será el siguiente movimiento, convencidos como estamos de que pasan muchos minutos entre uso y uso (por ese motivo siempre se oye decir que no se nos ve llegar: difícil si no se sabe mirar). No le pregunto por los intermitentes: sería fútil pretender darle uso a un ornamento. ¿Permite el paso a las motos? Quizá le guste jugar a acorralarnos. ¿Se salta los semáforos por los pelos? Es donde más posibilidades tiene de llevarse a uno de nosotros por delante. ¿Usa el whatsapp mientras conduce? Porque lo de llamar por el móvil ya no es novedoso…

A los motociclistas nos gusta ir en moto, pero no nos gusta que nos maten. El frío de la mañana nos despierta de inmediato y la adrenalina fluye desde que ponemos en marcha el motor. A veces llueve y la cosa se complica. Pero la mayor complicación de todas es la indolente desidia del conductor con volante.