viernes, 15 de enero de 2016

Esclavos y mamones

Un fantasma recorre el mundo. O, en puridad, un fantasma sigue recorriendo el mundo desde el siglo XIX. Marx lo escribió como un enorme sarcasmo, pero es mejor tomárselo en serio. Aunque lo vistan de libertad y progreso, se trata de riqueza y poder. El poder de unos pocos frente al sometimiento (muchas veces agradecido y amable, otras no tanto) de la inmensa mayoría. Los acólitos del dios Mamón ante los esclavos que nada pueden frente a ellos.
Cuesta un poco imaginar el tipo de satisfacción que produce a esos pocos la ostentación de tamaña obscenidad (¿por qué disponer de miles de millones de zanahorias que no se pueden comer en una vida?) y aún más difícil tratar de averiguar si existe una manera de acabar con tan potente drogadicción. El dinero, sus movimientos y flujos, ha logrado crear en un mismo planeta tres mundos, si no cuatro (la miseria que pervive en el primer mundo). Y lo que es más importante, ha conseguido convencer a amplísimas proporciones de la población (de forma permanente o temporal) que los estados de bienestar forjados tras la II Guerra Mundial son el estorbo que impide la recuperación económica y la prosperidad. Parece increíble, pero realmente es así. Cuando los estados (esa entidad medieval que gestiona nuestros recursos y exprime a los que menos tienen) piensan en términos de futuro, todo estorba: desde la longevidad de los individuos hasta la dedicación maternal a los bebés.

Ahora que nuestro parlamento aparece mucho más diverso y, a priori, fértil, cabe preguntarse cuál será la base sobre la que se diriman las negociaciones para formar gobierno. Otro día volveré al asunto independentista, hoy me apetece conocer si seguiremos siendo sometidos por la dictadura del dinero, que casi todos los partidos han denunciado y hacia la que, empero, yuxtaponen toda esa palabrería vacua (progreso, desarrollo, libertad...) que usan los dictadores para justificar su tiranía. Mal asunto si no se articulan medidas concretas. Aunque, ¿cómo se modifica el poder de las eléctricas? ¿Cómo se opone uno al cinismo de las petroleras? No es fácil. Los seguidores del dios de la riqueza, los mamones, son muy listos: a los gobernantes ofrecen avaricia y a los demás “panem et circenses”, cuya traducción sería “tablet y fútbol”. La cuestión sigue candente, más que nunca, y suscita curiosidad comprobar si el nuevo escenario devuelve la política al pueblo y se la arrebata a los adoradores de Mamón, al menos parcialmente.