jueves, 8 de noviembre de 2007

La ciencia no es divertida

Zientzia Astea. Si tienen oportunidad, suban este fin de semana al museo de la ciencia en Miramón. Es un lugar encantador. Por su emplazamiento. Por su excelente plantilla de profesionales. Y porque habla de ciencia. Con buen gusto, y no poco interés, muestra algunos importantes fenómenos de la naturaleza.

Cuando creía dirigir el museo, solía repetir ante la prensa, y hasta la saciedad, eso de “la ciencia es divertida”. Y no es verdad. Divertido es el museo. Y su misión hacer CON la ciencia un espectáculo continuado. Allá en Miramón se puede pasar una tarde muy agradable, porque todo está pensado para amenizar al visitante. Pero convendría dejar claro que la ciencia, como cualquier otra forma de conocimiento, no es divertida ni es tal y como se presenta en Miramón. Usted allí no puede medir, repetidamente, las variables de un experimento. Los fenómenos no se observan nunca en módulos tan atractivamente diseñados. Tampoco podrá ver allí los miles de cables que pueblan un laboratorio habitual. Créame. La ciencia, la de verdad, no es divertida. Ni tiene razón alguna para serlo. La ciencia es rutinaria. Exigente. Sacrificada. Y apasionante. E interesante. Y profunda. Y cautivadora.

Ciencia significa conocimiento. Conocimiento del mundo tangible. Algunos dicen que la ciencia no es sino un método y el cuerpo de técnicas que permiten conocer hechos de manera reproducible y falsable. Esto significa que cualquier conocimiento científico ha de estar sujeto a continuos y repetidos intentos de demostrar su falsedad. En ese camino, por contradictorio que parezca, se encuentra también la grandeza de su enorme desarrollo. Pero vivimos la era de las comidas divertidas, en vez de nutritivas. Y de la educación permisiva, en vez de exigente. No es de extrañar que, también para hablar de ciencia, haya que insistir tanto en la amenidad en lugar del esfuerzo y la constancia.

La ciencia está construida con el sacrificio y la dedicación de muchos investigadores que anhelaron profundamente conocer más y mejor las cosas. Los que nos dedicamos ahora a gestionar proyectos científicos que cuestan cifras de muchos dígitos, no podemos sino sentir un nostálgico escalofrío cuando observamos la felicidad de quienes dedican sus días a enclaustrarse en un laboratorio y pasar en él mucho tiempo buscando un dato que refute una teoría, o en su defecto la confirme. ¿Se encuentran divertidos? Mucho. Pero se trata de una actitud. No de un solazamiento.

Por favor. Disfruten mucho esta Semana de la Ciencia. Es Ciencia. Y Cultura. Y Conocimiento. No dejen de aprovechar la oportunidad para verlo todo. Yo, por ejemplo, no pienso perderme las conferencias y stands de la UPV/EHU en el edificio de Tabacalera.