jueves, 15 de noviembre de 2007

El Rey mandón

Fue este pasado domingo, en la madrileña Cuesta de Moyano, donde de tanto en cuando me harto a comprar libros viejos en las librerías de lance. Uno tiene la costumbre de no adquirirlos nuevos. Paseaba con mi peque, de casi tres añitos, viendo cómo deambulaba calle arriba, cuando advertí que casi todos los diarios en un kiosco de prensa contemplaban la misma idéntica noticia. El rey había espetado a Hugo Chávez una frase lacerante como pocas.

He leído los comentarios y opiniones. También las críticas y las alabanzas. Unas y otras son más de lo mismo. Hay quienes defienden acérrimamente al monarca en todas las circunstancias, y hay quienes se empeñan en criticarle a toda costa para mostrar lo republicanos que son. Y yo, que no soy monárquico, pero que no me gusta orientar esta postura criticando a quien no hace otra cosa que cumplir con el mandato para el que fue elegido en referéndum por la mayoría de los ciudadanos, voy a mostrarles a continuación mi modesta opinión.

El rey estuvo extraordinariamente diplomático al pronunciar la famosa frase. Cualquiera de nosotros, los que no sentimos que la corrección política sea imprescindible y que supeditamos las formas al contexto, le hubiésemos espetado otras muchas cosas al energúmeno venezolano. Se me ocurre que “¿por qué no te callas, gordinflón insolente?” no hubiese estado mal, pero seguramente me estoy quedando escaso de audacia, pues a estas alturas ya he escuchado referirse a Chávez como a un orangután (qué pecado habrán cometido los pobres animales), un iluminado bananero, un gilipollas, y no sé cuántos improperios más. El mío, al menos, suena delicado y fanfarrón. Pero les dejo a ustedes el gusto de explayarse…

Los de siempre dicen que el rey actuó mal. Muy mal. Los otros y las encuestas dicen que estuvo bien. Muy bien. Y entre quienes echan la culpa al de arriba, y los que echan la culpa al de antes, y con el de antes y el de arriba incluso llamándose por teléfono, con todo el cirio montado alrededor del jocoso asunto, échense ustedes a temblar si oyen hablar al tipo aquél del país de los Tepuis sobre las repercusiones posibles o no posibles. A lo mejor nos manda la armada naviera para que cañonee el Palacio Real desde el Manzanares. Igual nos quedamos de piedra. Menudo espectáculo.

Pienso que frases como ésa, las pronuncien unos u otros, faltan en las reuniones diplomáticas. Y en las no diplomáticas también. Sin ir más lejos. Ojalá algunos de por aquí hubiesen mandado callar vehementemente a los otros algunos que siempre disparan. Que parece que, en aras de la buena educación y los destinos universales de los pueblos, ya ni a los estúpidos se les puede decir eso tan congruente y educativo de “por qué no te callas de una vez”.