viernes, 22 de marzo de 2013

El pequeño corral

Hace bastantes años estuve en Chipre. Concretamente en un hotel situado en el macizo de Troodos, cercano al monte Olimpo, desde el que accedíamos a Paphos. Me sorprendió la fuerte imprimación de la cultura mediterránea, la arcaica, esa que venimos perdiendo a zancadas en esta piel de toro mientras dejamos que aflore la sacralización de unos cuantos míticos e intrascendentes hechos diferenciales. La primera noche, por las calles de Paphos, comimos tapas, vimos bailar el hasapiko y nos contaron que el sirtaki no existía antes de la creación cinematográfica de Zorba. Aquellas gentes sencillas rebosaban alegría y humildad. Eran griegos insularizados, descontaminados del continente. Huelga decir que en aquellas fechas el euro no existía y la modernidad era algo que llegaba a trompicones y con gran empeño por el esfuerzo que suponía. A veces pienso que el único logro ponderable (y vituperable) de este invento de la UE ha sido acabar de un plumazo con siglos de metódica concienciación. La victoria de los plutócratas está sustentada en un montón de cabezas rodantes por el suelo de la Historia…

Chipre, luego, cambió. Se convirtió en el paraíso mediterráneo del ingente blanqueo de capitales cuando menos sospechosos. Que allí se forjara un sistema bancario elefancíaco es algo que a nadie bien informado puede sorprender. ¿Es necesario recordar a qué se dedica la banca cuando se ve súbitamente inundada de liquidez? A financiar burbujas, a la especulación, a comprar deuda atractivísima y muy peligrosa. La banca parece predestinada a engordar cual cebón hasta que sobreviene el colapso. Pasó en Chipre. Ha pasado en España. Y seguirá pasando porque nadie puede ponerle freno a la riqueza. Por eso desde la luminosidad obtusa de ciertos despachos hay tanto empeño en que sean los ciudadanos, y no los acreedores (los que juegan a ganar mucho dinero) quienes paguen con sudor y lágrimas los excesos de nuestros catastróficos e insolventes sistemas bancarios.

Así es como se forjan los rescates que llenan las primeras planas de los diarios en estos días turbios que nos toca vivir. Manteniendo los privilegios de la clase financiera. Inyectando dinero para que no se derrumbe el sistema, en detrimento de familias y empresas (el sistema productivo). Provocando la brutal caída de riqueza, de renta, de empleo. Por eso Chipre, siendo tan minúscula, refleja claramente lo que nos espera a todos al término de esta crisis que nadie sabe resolver.

Agua del cielo

Un taxista de Barcelona, revolucionario marxista convencido, defensor de la banca pública y la regulación intensiva de un país contra los i...