viernes, 6 de julio de 2012

Desde las minas


Siguen y siguen los recortes, o reformas que llaman desde la cúpula del poder con aparatoso eufemismo. Pero ellos no se recortan nada. Y mire usted que sabemos que esto de la política contiene gasto cuantioso. Pero los sacrificios siempre tocan a los mismos, que somos usted y yo: ellos jamás se sacrifican por nada. Supongo que en ningún manual del buen gobierno se dice que a la prédica desde el poder le sigue, forzosamente, el ejemplo. Hay quienes lo reclaman por civismo, por moralidad. Yo, de reclamarlo, que lo reclamo, prefiero que sea por vergüenza ajena: esa que hace mucho demostraron no tener… salvo excepciones.
Hoy quiero mencionar una tal singularidad en el comportamiento de los políticos que nos representan. Y quiero hacerlo porque en esto de la representación hay aún mayor desvergüenza que en los recortes de los que ellos siempre se salvan. En pura teoría, las papeletas que los ciudadanos introducimos en las urnas, cada cuatro años, sirven para elegir a aquellos de entre nosotros a quienes deseamos delegar la responsabilidad cívica más elemental. Pero en la práctica, una vez que son elegidos, lo único que hacen es seguir estrictamente las normas del partido, y pobre del que discrepe.
Pues hay un senador en León que ha discrepado. Por coherencia, por convicción, por pundonor. La causa ha sido la retirada de las subvenciones a la minería regional. Y por todo ello, por defender a quienes legítimamente le otorgaron el voto, a Juan Morano, que así se llama el díscolo pepero que ha osado contrariar la férrea dictadura de su partido, le han suspendido la militancia (amén de juzgarle la persona menos grata que ha parido madre) los mismos que indultaron a políticos corruptos no hace tanto, los mismos que nos estrujan a impuestos sin contemplaciones, los mismos que nos mienten un día sí y otro también hasta que alguien en Bruselas se pone frente a un micro para decirnos las verdades del barquero que ellos esconden. 
Imagino que esto es lo que encierra la democracia representativa que nos dictan desde los escaños del parlamento, del senado, o de donde sea: mentiras, despilfarros, irresponsabilidades, intereses, ocultaciones, indecencia y falsedades, todo menos lo más elemental, que no es sino la defensa lógica de quienes damos el callo cada mañana al despertar para que ellos puedan seguir jugando y las cosas, poco a poco, vayan resolviéndose: ¿o alguien aún cree que esto de la crisis nos la van a solucionar otros?

Agua del cielo

Un taxista de Barcelona, revolucionario marxista convencido, defensor de la banca pública y la regulación intensiva de un país contra los i...