jueves, 18 de octubre de 2007

¿Verdades incómodas?

No le concederán un premio Nobel, pero quizá usted viva convencido en la necesidad de preservar nuestro medio ambiente. Y de luchar contra los cambios producidos en la naturaleza por la actividad humana. No importa mucho que fundamente poco o nada sus afirmaciones. No estamos hablando de verdades científicas, sino de algo más importante. Por tanto puede adoptar una postura alarmista, y exagerar sin paliativos lo que le cuentan, lo que dice la prensa o lo que llega a leer en unos cuantos artículos especializados. En realidad, por vociferar más alto usted no deteriora el clima, pero contribuye a “concienciar” a la sociedad. Sociedad a la que usted pertenece, no lo olvidemos. Ya se sabe que la sociedad es ese concepto al que se puede reprochar todo sin personalizar en nada.

Para convencer al mundo hay que ser audaces. Al Gore predicaba en el desierto cuando informaba del calentamiento global con simples diapositivas. Aburría hasta a los niños. Pero, ay, convenció a Hollywood para que se hiciese un muy buen documental. Y todo fue distinto. A cambio de agitarnos la sensibilidad, cobra por una sola conferencia lo que usted gana con su sueldo en toda una década. Ya ve cómo son las cosas. No sé si dedica parte de sus ganancias a fomentar la sustitución de los hidrocarburos. A lo mejor sí. A lo mejor su jet privado se mueve con energía solar…

En líneas generales, opino como tantos otros, que estamos bien concienciados ya sobre medio ambiente y clima. Sin embargo, falta el cambio social que revierta en hechos lo que ahora mismo son voces. Pero hay esperanzas. Las políticas científicas de la UE buscan a largo plazo una solución factible. No puede hacerse de otro modo. Solamente promoviendo la I+D. Y la paciencia.

No puede pretenderse una revolución climática. Todo lo que usted y yo somos, lo somos porque vivimos en una economía que crece ensuciando y engullendo recursos con pantagruélica voracidad. Ya lo he dicho en más de una ocasión: el reto está en sacar diariamente 82 millones de barriles de petróleo de las energías limpias y construir un puente de energía fósil que permita llegar a un futuro nuevo y supuestamente renovable. Porque si no lo conseguimos, ya puede usted clamar al cielo. Dudo que renunciemos masivamente a nuestro actual modo de vida, por mucho que éste haya promovido las desgracias que van a suceder.

Y cuánta hipocresía hay. Que alguien explique cómo se compatibiliza el desarrollo de los países pobres con el medioambiente. Quizá sea que, realmente, inadvertidamente incluso, no deseamos que se desarrollen. Y la excusa es que no pueden estropear aún más el planeta, que ya lo hemos estropeado bastante nosotros y peligra que sigamos viviendo igual de bien.

Prisión política

Para algunos el esplendor primaveral ha llegado ahora no con la floración de los árboles y arbustos, sino con la irrupción de la prisión e...