jueves, 20 de septiembre de 2007

El mundo sin petróleo

¿De veras cree saber cómo sería el mundo que conoce sin petróleo? Deje este periódico y alce la mirada. Pongamos en un agujero imaginario todo aquello que directamente proviene del petróleo o los combustibles fósiles. Comience por los objetos que contengan plástico. Los juguetes de su hijo, la estilográfica con que firma, el móvil, el ordenador, el desodorante, la pintura de las paredes, el asfalto de la calle, las gafas que usa, estas mismas letras... Encienda una vela porque se acaba de ir la luz: más del 60% de electricidad del mundo proviene del carbón o el petróleo. Eventualmente tampoco dispondrá de agua corriente, que se bombea con electricidad, por las tuberías de su vivienda. Eliminemos todos los productos sintéticos. Y que desaparezca lo que deba transportarse muy largas distancias hasta llegar a nuestras manos. Más del 85% del transporte en el mundo depende del petróleo. Allá va su camisa de algodón. Ya estamos medio desnudos. Queda la mesa de madera (sin barniz) y el apetitoso bollo con mantequilla que estaba a punto de desayunar en Bilbao. Por cierto, regrese en bicicleta. Y no espere que su nevera siga llena cuando llegue a casa. La mayoría de la comida que se consigue en el supermercado tiene una brutal dependencia directa e indirecta con el petróleo.

Al ritmo en que se consumió petróleo mundialmente en 2005 (más de 29 mil millones de barriles) nos acabaremos lo que queda en menos de 40 años. De modo que no seamos hipócritas respecto a lo de Irak. El control de las reservas es cuestión de vida o muerte para toda la humanidad, no sólo para los Estados Unidos. Nuestros sistemas financieros y económicos están basados en el crecimiento perpetuo. Nos parece normal que la economía crezca un 3% cada año, lo que conlleva duplicar la demanda de recursos cada 23 años. Estamos empeñados en creer que estos modelos de crecimiento constante son la realidad. Se llama confundir el mapa con el territorio. En un mundo biofísico finito el crecimiento perpetuo es imposible.

Desde la revolución industrial nos hemos dedicado a vivir aceleradamente. Somos miopes. Gastamos cientos de veces más rápido de lo que tardan en generarse los recursos sostenibles del planeta. Nunca hemos llegado al límite. No tenemos una referencia histórica a nivel planetario de sus implicaciones. Localmente siempre se acababan los recursos (fertilidad de suelos, minerales, bosques, peces, etc.). Pero la globalización existe por algún motivo. ¿La intuye? Pero llegará un momento en que no resuelva nada.

Imagine ahora el colapso de los mercados internacionales. Imagine una depresión económica mundial. Imagine desestabilizaciones sociales, inflación y desempleo masivo, crimen, guerras, migración masiva y hambrunas. Imagine…