viernes, 11 de marzo de 2016

La isla europea

Estalla en pedazos el espacio Schengen. Así de tajante se mostró Bernard-Henri Lévy en un diario nacional hace unos días. En esta “Europa de la vergüenza” (José Oneto), cada cual mira por su ombligo sin advertir que están intercomunicados. Mandatarios catalépticos, timoratos, mediocres, viran la nao hacia los arrecifes de la barbarie y la idiotez donde pretenden encallarla. Como en la novela de Robert Musil, nuestra siempre aristocrática política se mueve, esperpéntica y vodevilesca, de salón en salón por toda Kakania siempre buscando soluciones y evitando compromisos. Al mismo tiempo. Y mientras, la nave va. Derechita a las rocas. Sálvese quien pueda. Vacua decadencia que no es sino los instantes previos de la deflagración final. Que va a llegar, llevándose por delante todo lo hasta ahora urdido.

Se dice que la situación es inadmisible. Que se ha perdido una enorme cantidad de vidas y que se corre el riesgo de perder muchas más. Durante meses, un millón de refugiados, huyendo de Siria y otros conflictos armados, han puesto a prueba, sin pretenderlo, a nuestros mandatarios, incapaces de encontrar solución alguna. La que ahora se plantean viola todas las leyes internacionales, incluidas las nuestras (donde se prohíbe expresamente la expulsión colectiva de extranjeros): enviarlos a Turquía, ese país que combate a muerte a los kurdos, que permite el tráfico de personas y que mantiene oscuras relaciones con el Estado Islámico. Europa, la rica y próspera y vanguardista Europa, no ha hallado mejor solución que este éxodo al cadalso, la más vergonzosa afrenta a nuestra pretendida Europa de las libertades. 

Qué va. Estamos en la Europa de los alambres de espino, de la confrontación, la xenofobia, la discriminación cultural y religiosa, la Europa del racismo, la que va a descomponerse sin que podamos impedirlo y, lo que es peor, sin que hayamos entendido cuáles son los retos que debemos afrontar (¿juntos? ¿disjuntos?) en pleno siglo XXI. “¿Quiénes somos nosotros en realidad cuando, siendo la parte del mundo más rica con 500 millones de habitantes, no somos realmente capaces de acoger a uno o dos millones de refugiados?” Junker dixit. Europa ha dejado de ser un continente. Y en España, ni al ser mineralizado (Rajoy) ni al masovero (Sánchez) se les ha oído decir nada con sustancia acerca del “almacén de almas” (Tsiras): les basta con rehuirse mutuamente también en esta esquina de esta isla que una vez estuvo conectada a Eurasia.