viernes, 19 de febrero de 2016

Libros de animación

Me gustan más las películas de dibujos animados que las de carne y hueso, pese a que los dibujos animados ya no son artesanales y la carne y el hueso nunca aparecieron mejor que ahora.  Me gustan más, sí, lo cual no sé si es por la mediocridad del cine actual o es alabanza del buen trabajo de los guionistas de los dibujos animados. Algunos me dicen que me suelte del cine y vuelva a la tele, donde echan series morrocotudas que te mantienen cinco o seis o más años con el culo pegado al sofá, y les replico que, cielo santo, menudo espanto estar concernido tanto tiempo con folletines televisivos por muchas y estimables que sean sus cualidades: yo no soporto tanto. Entonces me replican que las descargue de internet y las vea del tirón. Hay respuestas para todo…
De todos modos, he dicho que prefiero las pelis de dibujos y no es del todo cierto. En realidad, debería decir que, ahora mismo, las películas de dibujos muestran una coherencia y calidad mayores que las filmadas con actores y escenarios. Hay demasiadas aventuras en el cine, demasiados agentes secretos, demasiados elfos, demasiados sables láser, demasiado ruido y demasiado metraje. ¿Y las películas de arte y ensayo?, me dirán ustedes. ¿Y los dramas? En efecto, hay oportunidad aún para disfrutar de buenas historias y una correcta construcción de personajes y situaciones, pero partiendo del hecho de que no por provenir de Irán una película deba ser forzosamente buena, o por tratarse de un drama la cosa vaya  a ser estupenda.
Cada vez visito más el cine considerado como clásico. En color y en blanco y negro, por mucho que espante ya la monocromía, como si ese cine datase del siglo de Pericles. Entonces el discurso visual estaba mejor planteado y la economía de recursos técnicos agudizaba el ingenio de escritores y guionistas. Los esfuerzos técnicos del cine actual (soberbios ejemplos de hasta dónde puede llegar la capacidad humana) han devaluado demasiado deprisa a los que escriben, muchas veces arrastrándolos a plantear artificios perfectos en los que todo lo argumental resulta pueril y evidente.

Tampoco me sorprende. En el mundo de la novela sucede algo similar. Ahí están las librerías demostrándolo día a día. Historias muy vendidas y muy poca maestría dentro de ellas. ¿Y qué hacer? Puedo recurrir a una peli de dibujos antes que enfrentarme a un nuevo fiasco perpetrado con actores reales. Pero, ¿dónde están los libros de animación? ¿Hay alguien que los escriba?