viernes, 17 de octubre de 2014

Yo no soy Teresa

Quizá muchos de ustedes se identifiquen con Teresa, la auxiliar de enfermería contagiada de ébola, cuyo nombre recorre diarios, redes sociales y whatsapp. Yo no. No soy como ella, ni por asomo: carezco de la vocación y voluntad suficientes como para dedicar horas enteras de mi vida a cuidar enfermos. No dispongo de tal abnegación: aunque quisieran retribuirme con unos emolumentos generosos (que, desde luego, Teresa y tantos otros no perciben ni percibirán jamás). Yo no soy Teresa. Ni he enfermado del dichoso virus, ni lucho por sobrevivir. Eso ha de quedar claro.

Sucede que tampoco me identifico con las miríadas de voces que se han alzado alrededor de este caso. Me han podido indignar sobremanera las burradas proferidas por un médico que ejerce en Madrid de Consejero de Sanidad, tanto o más que el descontrol manifestado por nuestras autoridades a la hora de tratar la crisis del ébola. ¿Qué les puedo decir? Esto está sucediendo porque vivimos en un país donde el presidente de Gobierno parece no existir, donde el propio Gobierno carece de credibilidad (he ahí a la ministra del ramo, por mostrar un ejemplo), y donde las instituciones estatales se encuentran en una situación tal de descomposición (venida de arriba abajo, que no de abajo arriba) que apenas se observa salida alguna, justa y juiciosa, a esta decadencia atroz que nos atenaza y oprime.

Decadencia que no se deduce de calamitosas decisiones sanitarias, de manifestaciones repudiables de ciertos responsables políticos, o del alarmante nivel de incompetencia que se observa en los más altos despachos ministeriales. Es una decadencia proveniente del vacío absoluto en el que, paradójicamente, sigue funcionando nuestro país, así sea en un hospital, una comunidad autónoma o el consejo de administración de una caja de ahorros. Cualquiera pudiera pensar que en el vacío es imposible que pueda subsistir nada, pero llevamos años viendo que no es así, que en ciertos vacíos el sistema político se torna nepotista y oligarca (casta), y que cualquier cosa que caiga en ellos es de inmediato engullido y reconvertido en algo capaz de sobrevivir e incluso vivir muy bien, mejor que usted y yo.

Creo que esto del ébola hubiera sucedido con cualquier gobernante de cualquier ideología de las últimas décadas. La ineptitud está así de extendida. La política es, desde hace mucho, ficción. Y muchos de nosotros vivimos contagiados no de ébola, sino de decadencia. Y al vacío es adonde acudimos.

Agua del cielo

Un taxista de Barcelona, revolucionario marxista convencido, defensor de la banca pública y la regulación intensiva de un país contra los i...