Hace bastantes semanas que no cito al indocto Pedro Sánchez, Presidente del actual desGobierno y secretario general del PSOE, en relación a uno cualquiera de los muchos asuntos, gravísimos y alevosos, que le conciernen. No lo hago por la obviedad con que se van aclarando todos los hechos que llenan los titulares y las columnas de opinión.
Es él. Siempre fue él. Lo mismo que siempre ha sido Zapatero. y Bono. Y Blanco. Y no sé cuántos más. Pero, ante todo, he de repetir que fue él. Y es él. Él es el responsable de la actual situación preguerracivil en que nos hallamos sumidos (si la gente no blande las armas y se lía a tiros unos contra otros es por la lógica deferencia que se tiene aún a la vida del prójimo, no así a sus ideas). Él es la causa y el resultado de la corrupción galopante, sistémica, terminal, metastasíaca, que infecta todo, desde el propio Gobierno (¿ni un solo ministro justo, equitativo, racional, honorable? ¿ninguno, de veras?), al propio PSOE (¿ni un solo parlamentario con decencia y vergüenza ajena? ¿hasta cuándo han de soportar la imbecilidad de Patxi López? ¿de verdad no conciben que es todo mucho más sencillo si, sencillamente, dimiten y cesan el cargo, rehusando a canonjías, canonicatos, prebendas y momios en pos de la rehabilitación de su partido?), a la estructura del Estado (¿cuándo dejó de haber pundonor en la Policía, o en la Guardia Civil, o en la Fiscalía? ¿Lo recobrarán alguna vez? ¿Hasta dónde nos ha de sonrojar el comportamiento del Constitucional y de no sé cuántos organismos más que, todos ellos, chupan de la magra teta estatal para llevarse a casa un estipendio a cambio de su incondicional adhesión a los principios del movimiento socialista, cuasiobrero y antiespañol?), a las restantes autoridades del Estado (Presidenta del Congreso, sabemos que es usted una inútil, pero ¿por qué no lo disimula un poco en el actual momento decadentista? ¿cuándo sucedió que le importó una higa su postrera semblanza en las páginas de la Historia?), incluso a los medios periodísticos, compuestos de un hartazgo catervario de turiferarios, lametones, pelotas, lisonjeros, lameculos, lambiscones y lagoteros, como no los hubo jamás en tiempo alguno preterido.
Es él. Siempre lo fue. Los suyos se lo han llevado crudo (la de dinero que ha de tener Ábalos y Koldo y Cerdán en sus huchas dominicanas, no quiero pensar en ello) y él, que lo ha consentido, no ha hecho de su anuencia dejación de funciones, sino exacerbación de sus ganancias. Con el tiempo saldrá todo a la luz. Habrá que dejar que la UCO y la UDEF y los Aldamas destapen lenta y pormenorizadamente todas y cada una de sus múltiples vergüenzas (son tantas, que seguramente podrá componerse una enciclopedia del opróbico gobernante, basado en su biografía). A mí no me da la gana imponer la presunción de una inocencia que, de existir, que lo dudo, sólo serviría para abundar en la inutilidad y esterilidad de su mandato, cosa de la que ya estamos enterados.
¿Es usted socialista? Peor para usted. Siento que se vea tan humillado, vejado, degradado, afrentado, avergonzado, sometido y pisoteado por quien usted siempre ha defendido. Una defensa fundamentada en el fundamentalismo ideológico que usted mantiene, y solo usted, y en su vesania de usted, y en su querencia compartida por continuar con la existencia de las dos Españas (que debieron quedar hace mucho extintas, pero que se empeñaron en resucitar de continuo el Zapatero cubierto de oro y joyas, y ahora el Sánchez cubierto de mierda, a quienes a usted no le queda otra que defender, no sea que su orgullo de usted se vea hecho añicos definitivamente y por los siglos de los siglos). Qué vergüenza ser lo que usted se siente. Quizá le quede el consuelo, triste, taciturno, de pensar que los del otro lado son iguales o peores. Allá usted si se cree sus propias mentiras, sus insidias de mal perdedor, de emasculado títere de aquellos que manejan los hilos de sus brazos y neruones sin -tal vez- usted percatarse de ello. A mí, la verdad, me la pela. Yo no simpatizo ni con el gallego ni con el vasco. Por eso replico: piense usted lo que quiera. Lo peor de una boñiga intelectual es no advertir el mal olor que despierta por haberse oxidado y solidificado con el aire y el sol y la lluvia (sí: la boñiga es su pensamiento, no lo ponga en duda: yo se lo aclaro).
Siempre fue él. Pedro Sánchez: el infiel enamorado, el postulante de un partido incapaz de encontrar dos hombres justos entre toda la gleba afiliada a sus principios -que no finales, de ahí el desconcierto-. El que no tardará en huir llevándose a su esposa consigo allá donde los paraísos impiden enchironar a los idiotas malvados y los aprendices de dictador. Veremos si deja subir al Zapatero en el avión que lo lleve al exilio... Creo que es lo único que queda de indefinición y vaguedad en toda esta historia del oprobio, vestido de rosa y puño. ¿Se irá solo o se irán todos al alimón? Ésa sí es una buena porra, y no la del Mundial.
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