viernes, 18 de julio de 2008

Piratillas


Tengo amigos, y familiares, que almacenan en sus casas más películas de las que van a ser capaces de disfrutar a lo largo de un año. A menos que dediquen todas sus horas de sueño y ocio a esa actividad, claro. Y ni aun así. Son como tíogilitos. Disfrutan coleccionando. Digo yo, que alguna vez tendrán tiempo para sentarse cómodamente en un sillón y ver alguna de esas adquisiciones que guardan en sus estantes y archivadores. La cuestión de todo este asunto, claro está, se encuentra en que obtenerlas no les ha costado un ochavo. Se trata de material que descargan ilegalmente de Internet. Piratería.
Cuando les reprocho esa actitud, generalmente se ríen, o me ningunean, o me replican que el cine está muy caro. No tienen sensación alguna de estar cometiendo un delito. No se cambian de televisor o de coche porque no pueden, pero se jactan de conseguir por Internet todo aquello que desean. Es obvio que un ciudadano de a pie no puede permitirse semejante videoteca en su casa a menos la robe. Y eso es justo lo que se hace. Robarla. Y a espuertas.
La cuestión no es el dinero. Si no podemos adquirir un bien, no lo compramos. Y que yo sepa, las películas o los videojuegos no son bienes imprescindibles como la ropa o los alimentos. El asunto es, más bien, social. Y español, que nuestro país encabeza las listas de descargas piratas en Europa. Tan social es, y tan extendida e impune es esta actividad, que tengo la sensación de que quienes nos situamos enfrente de la piratería somos socialmente idiotas. Porque nos empeñamos en una quimera: que se pague por el trabajo ajeno. Pues no. Los listos son los que se descargan las películas con el emule. Y cuantas más descargas hacen, más listos son ellos y más idiota soy yo.
El desdén hacia el trabajo ajeno es mayúsculo, y se ha incrustado en el sentir social como el Peine del Viento en la costa donostiarra. Todos gustan de cobrar a fin de mes por el trabajo que realizan, pero les disgusta enormemente pagar a los autores y creadores por sus obras. Y que no me vengan con las monsergas de los altos precios. Aquel famoso disco de “Operación Triunfo” costaba 6 euros, y aun así, todo el mundo lo pirateaba. Dejémonos de pamplinas. Lo que al personal le gusta es, realmente, tener gratis lo que cuesta dinero.
Dudo mucho que la piratería llegue a erradicarse de forma definitiva. Los proveedores de ADSL la necesitan. Venden sus servicios de banda ancha con el único objetivo de permitir al ciudadano que se descargue cosas, porque las páginas web y el email no necesitan tanta velocidad de conexión como se ofrece hoy en día.
¿Saben? Voy a instalarme uno de esos programas. Con esto de la crisis no me llega para casi nada. Quizá pueda descargarme una asistenta gratis con el emule. 

viernes, 11 de julio de 2008

Matar a un ruiseñor


Supongo que a usted también le ocurrió. Que también hubo de contener una náusea espantosa al conocer que un joven mató a golpes a un bebé por hacerle perder una partida de videoconsola. No ha escatimado la prensa en descripciones escabrosas y repugnantes acerca de cómo se produjo el suceso. No las pienso repetir aquí. Bastante asco me produce ya el asunto. Sobre todo atendiendo la edad del culpable, un dominicano de 19 años. Tan joven, y ya pesa sobre él una acusación del más inadmisible crimen que podamos tolerar. Porque ha matado a un ruiseñor, a un ser inocente que probablemente sonreía cuando interpuso sus manitas encima del mando de juego. El pobre niño tuvo la mala suerte de toparse con una bestia enloquecida.
Este crimen es un nuevo ejemplo de violencia doméstica. Ese terrorismo de baja intensidad que asola nuestro mundo sin que parezca existir remedio para sus fechorías. En este caso ha sido un bebé, pero la víctima hubiera podido ser cualquier persona del entorno del criminal sin capacidad de responder a la agresión. Quizá a un psicólogo le baste la razón de su locura transitoria para explicar el suceso ante un tribunal. Pero yo no soy juez. No debo sentenciar para restablecer la justicia. Por ello pienso, y temo, que esa reacción desmedida y ciega, pueda volver a repetirse. La diferencia entre un adulto sano y cabal, y otro que no lo es, radica en la moderación de que dispone para afrontar las distintas situaciones de su vividura. En un adulto maduro están arraigadas determinadas convicciones que le impiden mostrarse de manera violenta y criminal. De lo contrario, todos actuaríamos como hooligans en alguna ocasión. Todos patearíamos papeleras en un acceso de rabia. Todos mataríamos bebés inocentes ante cualquier insana frustración. Todos seríamos maltratadores o acosadores obsesionados. No lo hacemos, no lo somos, e incluso lo repudiamos. Tal es nuestro convencimiento. Y nuestra mayor fortaleza. Ese joven no la tiene.
Las páginas de sucesos retratan de manera constante algunas de nuestras miserias. Lo abominables que podemos llegar a ser como especie. La violencia, al igual que cualquier otra plaga incrustada en nuestra condición humana, arroja oscuridad sobre un mundo que tan brillante aparece casi siempre ante nuestros ojos. Es una oscuridad pútrida y constante, aunque dosificada. Y comprobamos a diario que resulta costosísimo ahuyentarla. Pero hemos de lograrlo, o no podremos orientar nuestra sociedad hacia fines más constructivos.
De verdad, no consigo que se me vaya de la cabeza el llanto de ese pobre bebé. Pero la vida sigue. Conforme voy terminando de redactar esta columna, recibo la noticia de la muerte de una joven irunesa, víctima de la violencia de género.

viernes, 4 de julio de 2008

Ser patito o ser Leonardo



Leí recientemente en Diario Vasco un artículo donde se hablaba de los problemas de adaptación de los niños superdotados. Afirmaban los expertos que éstos han de poder desarrollar plenamente todas sus extraordinarias capacidades si realmente desean llevar una vida provechosa y feliz. Pensaba entonces en la importancia que cobra en nuestra sociedad el correcto desarrollo de las capacidades humanas. Y no solamente en la etapa escolar o universitaria.
Este asunto de la inteligencia aparece en la prensa que usted lee en muchas y diversas manifestaciones. Habitualmente asociada a personas concretas de brillantez incontestable, cuyas inteligentes aportaciones genera disfrute y avance al resto de individuos. Almodóvar, Antonio López, Fernando Alonso. Ponga el ejemplo que guste. Tanto es así, que a todos nos gusta demostrar la superioridad de nuestro Cociente Intelectual, tengámoslo brillante o no. Fue un francés, Alfred Binet, quien pretendió estudiar la inteligencia humana midiendo la capacidad de comprensión, razonamiento y juicio. Como si éstos fueran innatos e inmutables, como esas cualidades de las que hablan los horóscopos. Sin embargo, el talento necesita de un adecuado entrenamiento. Nuestra inteligencia es genética en un cuarenta y ocho por ciento. El resto lo hace el entorno y la educación. Un entorno y una educación que, como bien saben los profesores y pedagogos, permite el desarrollo no solamente de un tipo exclusivo de inteligencia, se de múltiples cualidades intelectuales. ¿Acaso no era inteligente Shakespeare, de admirable capacidad lingüística? ¿Alguien negaría la inteligencia musical de Ella Fitzgerald?
Si usted hubiera nacido patito, aprendería a sobrevivir imitando los movimientos y comportamientos de su madre. La diferencia entre el ser humano y el patito estriba en que usted elige qué y a quién imitar. Y conforme vaya superando los sucesivos modelos que imita, elegirá otros nuevos, movido por el deseo de ver realizado su potencial intelectual. Es ésta una inteligencia que se puede ir desarrollando a lo largo de la vida. Cada vez disponemos de mayor calidad y cantidad de vida. Podemos plantearnos retos sucesivos a lo largo de nuestra existencia. Quizá no lograremos sobresalir en ninguno de ellos, pero al menos podemos intentarlo. El problema estriba en que, cada vez más, asimilamos y buscamos más activamente entornos de escasa o nula exigencia intelectual. La tele. El fútbol. Port Aventura. Dulcificamos el rendimiento de nuestra mente, en busca de una placidez de pereza absoluta. Nos alejamos del modelo renacentista, Leonardo da Vinci, y abrazamos la esencia del patito que nada por el río. Elegimos, por tanto, nuestra irremisible muerte intelectual. Qué lástima.

viernes, 27 de junio de 2008

Diglosia y bilingüismo


Voy a hablar sobre el “Manifiesto por la lengua común” promovido por algunos intelectuales. Vaya por delante que me parece un despropósito que existan normas autonómicas en contra de principios fundamentales como son la libertad de enseñanza, el derecho al trabajo y la igualdad. Pero de ahí a considerar que el castellano está en peligro, media un largo trecho por el que no me apetece transitar.
A usted le puede parecer que ninguno de los principios arriba expuestos se conculca actualmente. Aun así, entiendo que es tiempo ya para debatir sin agobios sobre el estado del bilingüismo, la diglosia y las políticas inmersivas en España. Al menos para explicarme, a mí y a tantos otros, por qué ha de sancionarse a quien desea utilizar, en ciertas comunidades autónomas, solamente el español para desenvolverse en los negocios, la administración pública, la justicia o la escuela. Y hasta aquí el debate que habría de promoverse: por qué se hace tanto, y de tantas maneras, para fortalecer el euskera, el gallego o el catalán, en detrimento del castellano. Quizá sea de un problema de desconfianza. En este caso desconfianza hacia la lengua común, por temor a que ésta dificulte la utilización de la respectiva lengua privativa. A mi entender, quienes así piensan, olvidan que fue nuestro sistema democrático, esto es, la propia lengua castellana, quien dispuso de medios y herramientas políticas suficientes para que las distintas lenguas españolas se extendiesen y se hiciesen grandes y fuertes. Fue España quien hizo del euskera, el catalán o el gallego, un patrimonio cultural de y para todos los españoles. Y como valiosísima parte de este patrimonio es como conviene entender este mensaje.
Los gobiernos autonómicos andan enfrascados desde hace tiempo en la creación de fronteras interiores mediante el uso impositivo de su propia lengua. No advierten que esta estrategia, ejecutada desde los boletines oficiales, conlleva al debilitamiento del sistema constitucional que les hizo a ellos mismos fuertes. Parece un pecado querer garantizar y consagrar la oficialidad de dos lenguas en perfecta igualdad una de la otra. Quizá sea un asunto para la ministra Aído. Y, sin embargo, pese a todo lo que he expuesto, no creo que el célebre manifiesto, del que tanto se habla, tenga sentido. Dice cosas sensatas, desde luego. Pero fracasa en su intención. No pretende sino suscitar una sensación de alarma política, única y exclusivamente. En verdad, es ese mismo contenido político lo que desvía su interés de un mejunje mucho más sustancioso en este debate tan arduo: si un gobierno autonómico pone trabas a un ciudadano que desea usar únicamente una lengua cooficial, no está atentando contra la lengua. Atenta contra los derechos civiles de ese ciudadano.

viernes, 20 de junio de 2008

Garmendia y la innovación


Hace poco más de un año, creyendo yo estar al frente del museo en Miramón, anduve gestionando la firma de un acuerdo marco con el prestigioso Centro de Regulación del Genoma, de Barcelona: un centro internacional velado por unos cuantos premios Nobel en Medicina y muchos investigadores de altísimo nivel. Los acuerdos marcos son pura generalización y buenas intenciones. Pero valía. Lo consideré un éxito. Fue entonces cuando se le ocurrió a alguien en Kutxa que ese acuerdo había de supervisarlo una pequeña empresa con la que tenían suscrito un convenio. La tal empresa es una joyita en ciernes, y se llama Inbiomed. Su promotora, Cristina Garmendia. Dudo que ésta leyese el papel de marras. Pero sí su gerente, una chica joven y de talento, que tiempo le faltó para decirme que por supuesto estaba de acuerdo con el convenio con CRG, faltaba más. Pese a lo chistoso de la ocurrencia que tuvo la caja, me sirvió personalmente para tratar de conocer mejor a la hoy famosa ministra de Ciencia e Innovación. Méritos académicos no le faltan, desde luego. Mas, sobre todo, impresiona la facilidad con que saca adelante sus ambiciosas apuestas de emprendedora. Yo la creía próxima al nacionalismo. Ha resultado estar aún más próxima a Zapatero. Buena la jugada.
Desde luego, dudo mucho que Cristina Garmendia quiera ser un brindis al sol más progresista, como sí podría apuntarse de alguna otra colega suya del Gobierno, léase mi columna de hace una semana. Lo que Garmendia ha dicho recientemente en el Congreso de los Diputados es, desde luego, toda una formulación de seriedad en su programa. Ya con Aznar hubo una ministra afín en un ministerio afín. Pero hizo poco, pues poco le dejaron hacer. Espero que las cosas ahora sean diferentes. Dicen los expertos que Garmendia se mira en el espejo alemán, donde el Ministerio de Ciencia es todopoderoso impulsor de una innovación que ha situado al país germano como locomotora de la UE. De ser así, y cumplir con este ambicioso objetivo, Garmendia necesitará bajo su mando a los muchos y desperdigados escenarios donde se cuece la innovación española. Como el CDTI, empresa pública con presupuestos mil millonarios (en euros) para investigación industrial. Ha de ocurrir tal cosa, o todas las intenciones de Zapatero en torno a la innovación se convertirán en fracaso, como con Aznar.
El mapa español necesita no solamente de racionalidad en los recursos y esfuerzos destinados. Precisa de un marco muy sólido para que sean las empresas, y no las subvenciones, las que comiencen a tirar de la innovación, tan necesaria en nuestro tejido productivo. Y les contaré un detalle, que acaso desconozcan: en tiempos de crisis es cuando las empresas petroleras más invierten investigación. Pregúntese el lector por qué.

viernes, 13 de junio de 2008

Frivolidad ministerial




No sé a usted, lector. Pero a mí, me ofende (y mucho) que una ministra del Gobierno comparezca en el parlamento para decir las primeras tonterías que se le han ocurrido respecto a algo. Porque eso es, y no otra cosa, lo que la ministra de Igualdad ha proferido en relación a un tema de su competencia. Un tema muy serio, y muy grave: las agresiones y maltratos hacia la mujer. La oposición ya le ha echado en cara que les cuente a sus señorías ocurrencias felices respecto a la denominada violencia de género. En concreto, lo del teléfono para desahogo de maltratadotes. Propuesta que, por cierto, en dos o tres días ya ha sido aclarada, matizada, corregida y enmendada. Es de una ingenuidad atroz hacernos creer que un teléfono pueda dialogar eficazmente con un energúmeno, en realidad un criminal, dispuesto a matar a su pareja. En todo caso, este imbécil embrutecido y lesivo, hará uso del tal teléfono cuando, arrepentido, pues siempre se arrepienten (pero tarde), llame para decir que él ha cometido un asesinato. Y que otra mujer, otra más, esta vez la suya o ex- suya, engrosa desde ese instante la pavorosa estadística de mujeres muertas por culpa de los hombres.
Crear un número de teléfono para que maltratadores y agresores canalicen su furia y su violencia, no resuelve nada. No sirve para paliar un hecho evidente, alojado en nuestra sociedad, y difícilmente extirpable, por lo que se ve. Y vale. Aceptemos alguna innovación. No se equivoca del todo la ministra al hablar de promover reflexiones conducentes a entender mejor los nuevos roles de la masculinidad del siglo XXI. Pero sí se equivoca cuando distrae su atención hacia el objetivo más firme que debería atajar. Que no es sino el de combatir conductas y comportamientos que se nos antojan medievales, que aún persisten y que, lejos de disminuir, no dejan sino de aumentar.
No por muchas veces dicho vamos a dejar de insistir en ello. Por la calle se pasean hombres con el odio latente y oculto. Odio manifestado en celos obsesivos, acosos irracionales, agobios insoportables, intolerable misoginia nacida de un irracional sentimiento de posesión. Edúquese a nuestros hijos en la igualdad de oportunidades y derechos. Cuando sean adultos, educarán a sus hijos, nuestros nietos, en esos mismos valores. La siguiente generación, tendrá mucho más asumido que hombres y mujeres son seres iguales, libres e independientes, y que ni siquiera algo tan humano como el amor sirve de excusa para conculcar este principio. Y mientras ese futuro va llegando, en nuestro presente, luchemos los hombres junto con las mujeres para allanar el camino. Señalemos con el dedo a los agresores y acosadores y maltratadotes. Llamémosles lo que son. Que cada vez puedan ocultarse menos de la mirada de las gentes.

viernes, 6 de junio de 2008

Lo peor de dos mundos


Estanflación. Dicen que es lo peor de dos mundos, ya de por sí, bastante perniciosos ellos. El estancamiento económico, uno. La inflación, dos.
La palabreja se las trae. Quizá alguno de los amables lectores que me lee, esté versado en economía y conociese el palabro anteriormente. O alguno de los no tan amables, que los tengo también. En cualquier caso, sepa usted que a mí el concepto ése me pilló desprevenido cuando se lo escuché al abuelete Solbes. Nuestro entrañable hombre de la economía dice las cosas muy bien, muy sentidas y con gran presencia. Pero algunas cosas que dice, y muchas de las que no dice, son capaces de dejar despavorido al más pintado de los mortales. Como lo de la estanflación. “Ese fenómeno olvidado hace años que podría volver a producirse”. Era yo muy niño aún en los años 70. De modo que en mi caso, el fenómeno no ha sido olvidado. Simplemente no tenía la menor idea de lo que significaba. Y ahora que he hecho los deberes, me deja despavorido. Como buen mortal que soy.
Digo yo que algo de causa hay en los altos precios del petróleo, hasta cuatro veces por encima de su umbral de rentabilidad. Que el crudo esté tan sobrevalorado, es cuestión de meditarse. Alto precio del petróleo implica encarecimiento de todo lo demás. La anterior estanflación provino de la decisión unilateral, por parte de los países árabes, de elevar los precios del petróleo en los 70. Entonces se reaccionó devaluando el dólar y acelerando los precios. Esto es, con la inflación. Lo que sucede ahora con los alimentos y algunos productos industriales. 
El capital procedente del petróleo ha migrado rápidamente al mundo de las finanzas. Y de allí, al sector inmobiliario. En Estados Unidos, el país con mayor poder adquisitivo, estos mercados han venido generando una burbuja tan artificial como esos 140 dólares por barril que pagamos hoy. Tiene el petróleo delirios de astronauta, y el exceso de dinero que genera se deposita en bancos y, de ahí, especulativamente en inmuebles. Lo curioso es que se ha esfumado, como por arte de magia, con la actual crisis. Porque los petrodólares nos los han prestado a nosotros para pagar unas hipotecas (aceleradísimas también) que muy pronto no vamos a poder pagar. Los clientes de las hipotecas somos las víctimas. Y luego todo lo demás.
Me pregunto quién inventó estos nuevos y cada vez mayores precios para el petróleo. Y quién se ha inventado esta crisis que hace desaparecer, como por arte de magia, el capital pagado en exceso. Dicen los economistas que son las leyes del equilibrio macroeconómico, que es la ley de la globalización. Pero no me cabe en la cabeza que un producto tan imprescindible como el petróleo cuadruplique su valor sin que todo se desmorone. Sinceramente, no me lo acabo de creer.